MADRID — En los peores días de la pandemia, cuando en España morían un millar de personas al día y el país permanecía confinado, soldados de la Unidad Militar de Emergencia instalaron hospitales de campaña en las zonas más afectadas, trasladaron cadáveres a morgues improvisadas, rescataron a enfermos de sus casas y desinfectaron residencias donde se encontraron ancianos “absolutamente abandonados cuando no muertos en sus camas”. Los españoles aplaudimos desde los balcones la meritoria labor de sanitarios, policías, repartidores de comida… Y olvidamos, una vez más, a los militares.